La filosofía como sinergia de lectura y escritura


La filosofía oficial no potencia la sinergia de lectura y escritura. Es una filosofía cómoda, que estafa al estudiante universitario. 

El vacío filosófico actual

¡Qué cantidad de novedades en las librerías! ¡Y qué poco decir filosófico contienen! ¡Son puro entretenimiento! Son ocio. Es difícil encontrar algún libro con orientaciones filosóficas; hasta muchos de los libros de ensayo carecen de orientación alguna. La mayoría son libros sin sentido adaptados al lector idiota. ¡Sí, un nuevo espécimen que ha originado nuestra sociedad en su discurrir!

Antes de adentrarme en  la filosofía de las conexiones, hago una pequeña parada en dos talleres contiguos: el taller de lectura, y el taller de escritura. Lo hago porque son la base tanto para la buena práctica de la deconstrucción como para la buena práctica de la filosofía de las conexiones.

Reempezar a leer y escribir

¿Cuál era la imagen del superhombre: el niño? Sí, el que empieza a leer y escribir. Eso hemos de hacer nosotros, reempezar a leer, reempezar a escribir. Pues lo hacemos de forma viciada.

¿Qué es pensar? Mi respuesta es leer y escribir, o si te gusta de otra manera, lectura y escritura. Ambas actividades son esencialmente humanas y operativizan eso que es el pensar. Habrá quien dice que pensar se puede hacer sin escribir, de forma mental, sí, como un monólogo interno, o diálogo con uno mismo, pero ahí, hay también una lectura y una escritura realizadas por uno mismo aunque no de forma externa sí lingüística. Ambas tareas claves se implican siempre.

El tipo de lecto-escritura que yo decida modelará un tipo de pensamiento. En el fondo ¿depende eso de una decisión? Creo que sí. Si decides ser transgresor y plural leerás y escribirás de una forma, si decides ser conservador y de único sentido leerás y escribirás de otra forma.

Rompiendo las formas conservadoras

Casi todos los libros que explican un pensador o libro suelen utilizar la forma conservadora de pensar, la tradicional, caen en la corriente mayoritaria, siguiendo a Gadamer, intentar ver un sentido de forma cristalina. Afortunadamente, hay libros, los menos, como el de Deleuze sobre Nietzsche y su filosofía, que son los auténticos libros, libros de superhombres filosóficamente hablando, pues suponen una lectura y escritura transgresora y plural.

Yo suelo siempre seleccionar la base material de mi pensamiento, y por ello, siempre busco en las librerías libros escritos de forma diferente, libros que me hagan pensar de una forma más radical, y eso es más fácil con un libro más deconstructor que hermenéutico.

¿Cuándo pensamos?

Si pensar es lo que se hace cuando se escribe, cuando se lee, y cuando se vive como superhombre, el pensamiento nos acompaña constantemente en cada minuto del día, en cada hora, en cada día, todos los días. Si no estamos pensando siempre nos alejamos de lo que podemos ser. Dejar de pensar, es dejar de ser.

Para Derrida, resulta «preciso con un solo gesto, aunque desdoblado, leer y escribir». Este gesto único aunque doble, además de ser un recurso estratégico imprescindible, constituye un antecedente de esa experiencia aporética en la que consiste la deconstrucción derridiana. Por una parte, dicho gesto nos remite asimismo, de nuevo, a la cuestión de la herencia, la cual  para Derrida sólo se puede asumir volviéndola a inventar, esto es, repitiéndola y reescribiéndola al tiempo que se la transforma, que se le es infiel por fidelidad. En este sentido, la lectura derridiana de la tradición filosófica no será nunca un comentario en el sentido tradicional, el cual, con la ilusión de lograr desvelar por completo su significado, se enfrenta a un pensamiento como un sistema acabado y cerrado, a un texto que, avalado por un nombre propio, resulta aparentemente intacto y sin fisuras.

La moneda del pensamiento

Filosofemos un poco sobre la moneda del pensamiento, esto es, sus dos caras (la cara del leer, y la cara del escribir).  Sin olvidar nunca que ambas actividades del pensar deben ir juntas, pues la sinergia producida por la interacción de lectura y escritura es el verdadero pensamiento.

“La separación de la escritura y de la lectura ha hecho caer a ésta del lado de la pasividad, de la intransitividad, del consumo ignorante alejado de la creación: el arte de escribir y el arte de leer deben ir parejos…Barthes quiere realizar una identificación de la escritura y de la lectura, «aplastarlas» la una contra la otra en lugar de seguir haciendo de ellas una distinción estricta que acaba por falsearlas a ambas, continúa otorgándole la primacía a la escritura” …[continúo yo] denigrando al lector como un ser mudo y pobre que nada tiene que aportar (eso no es un filósofo). El filósofo como lector es a la vez un escritor. La energía creadora, la potencia generadora de la escritura-lectura es lo que realmente interesa en el auténtico filósofo. Leer y escribir, escribir y leer, constantemente.

La lectura

Hay dos maneras de leer un libro: puede considerase como un continente que remite a un contenido…Se comentará, se interpretará, se pedirán explicaciones, se escribirá el libro del libro, hasta el infinito. Pero hay otra manera: considerar un libro como una máquina asignificante cuyo único problema es…¿cómo funciona para ti? Si no funciona, si no tiene ningún efecto, prueba a escoger otro libro. Esta otra lectura lo es en intensidad: algo pasa o no pasa. No hay nada que explicar, nada que interpretar, nada que comprender. Es una especie de conexión eléctrica…Esta otra manera de leer se opone a la precedente porque relaciona directamente el libro con el Afuera.

¿Qué es leer?

Pensar cuando se lee. El texto es un impulso externo para volver a pensar. Volver a discurrir. Descubrir otros resistentes (otros seres que merecen la pena). Otros como yo pero diferentes. Para mí, es el contexto deconstructor por excelencia. Cuando leo, con lápiz en mano, son constantes mis anotaciones al margen, mis subrayados, mis tachados, mis “no estoy de acuerdo”, mis matizaciones, mis asociaciones con otros pensadores, mis “mine” (pensamientos propios al hilo de eso que leo)…

Se trata, en el fondo, de dejar o “permitir que entre un poco de aire fresco en la lectura, aplastada por el furor analítico e interpretativo”.

Barthes y la lectura con sinergia

Barthes no quiere seguir haciendo de la lectura una simple «recepción», un acompañamiento del texto descrito o del mensaje que el autor quiere transmitir, sino más bien invertir dicho prejuicio: la lectura no es el consumo de textos, sino que participa de la misma dinámica de producción de la escritura…Leer no es un gesto parásito.

Hace falta no haber sido nunca complaciente consigo mismo, hace falta contar con la dureza entre los hábitos propios para encontrarse jovial y de buen humor entre verdades tosa ellas duras. Cuando me represento la imagen de un lector perfecto, siempre resulta un monstruo de coraje y de curiosidad y, además, una cosa dúctil, astuta, cauta, un aventurero y un descubridor nato.

Acabo de comprobar que Barthes es todo un nietzscheano. La pregunta es ¿Somos duros? ¿Estamos preparados para criticar a otros o vamos a limitarnos a adorarlos? ¿Vamos a seguir el camino de otros, copiándolo? Nunca podemos olvidar que, en el fondo, todos estamos solos. Todos hemos de hacernos a nosotros mismos. No vale la copia, el plagio. Ni en la vida, ni por supuesto en el pensamiento.

La escritura

  • María Luisa: Su literatura es un continuum, en realidad es como si siempre  escribiera el mismo libro, ¿no?
  • Antonio Lobo Antunes: Eso es cierto, también lo es que un libro no está nunca terminado, sino que está definitivamente inacabado…escribir ha sido siempre lo más importante de mi vida, y lo sigue siendo.
  • M.L: ¿Qué compensaciones le ha dado la escritura?
  • A.L.A: Escribir es una tarea muy difícil, también es una actitud frente a la muerte, escribes contra la muerte. En mí hay una parte muy autodestructiva, eso está muy claro y siempre me persigue la idea de suicidio…

Entrevista a Lobo Antunes

En el texto anterior reflejo unas respuestas dadas por Lobo Antunes a la entrevistadora. Reflejan la profundidad del escritor, del novelista, su capacidad filosófica, independientemente de que se considere un escritor, un habitante del mundo de la literatura. Siempre escribimos el mismo libro, aunque lo dividamos en artículos, o temas; a lo largo de nuestra vida filosófica, cada cosa que escribimos forma un todo interminable. Inconcluso. Imperfecto. Escribir es lo importante.

Con la escritura creamos por nosotros mismos. Escribir, crear, es difícil, muy difícil. Es una actitud, una respuesta frente a la muerte, frente a lo repugnante, frente a lo inadmisible, frente a los otros, frente al capitalismo, frente a los infiernos. A veces, la verdad, dan ganas de suicidarse ante tanto sufrimiento, ante tanto dolor. Sin duda, las personas con sensibilidad tienen más difícil vivir en este mundo al que hemos llegado. Pero, por otra parte, son el principal freno hacia un mundo todavía peor.

Pongámonos en la piel de un buen escritor, y entendamos su problema. Escribir es un problema, pues no sabes cómo explicar algo, no sabes cómo empezar, y decides empezar de una manera y no de otra, y decides tratar unos temas como conductores, dejando otros silenciados, porque por un problema de economía no todo cabe en tu libro, y mucho menos en tu párrafo, y mucho menos en tu aforismo.

Escribimos para minorías

Es normal que no gustemos a muchos, pues escribimos para minorías, como todo superhombre. Nuestra escritura no es para cualquiera, no es para la masa. Nuestros lectores son escasos, pero son los únicos para los que vale la pena escribir. Si escribimos para una mayoría, escribimos para nada y para nadie ;  para perpetuar el nihilismo, la voluntad de nada, y acabaríamos degenerando. Si nos leen pocos, será que escribimos como Nietzsche. Estas fueron sus palabras al respecto

“Dando siempre por supuesto que haya oídos, -que haya hombres capaces y dignos de tal pathos, que no falten aquellos hombres con los que es lícito comunicarse. –Por ejemplo, mi Zaratustra busca todavía ahora esos hombres-¡ay!, ¡tendrá que buscarlos aún por mucho tiempo!- es necesario ser digno de oírlo…”

Kundera

Comparar la tradición filosófica y su continuismo, con la nueva práctica filosófica de la pluralidad y la creación es como comparar la ciudad renacentista y la ciudad de Nueva York. ¿Cuál es más real? Escribe Kundera que la belleza europea ha tenido siempre un cariz intencional. Había un propósito estético y un plan a largo plazo según el cual la gente edificaba durante decenios una catedral gótica o una ciudad renacentista. La belleza de Nueva York tiene una base completamente distinta. Es una belleza no intencional. Surgió sin una intención humana…Formas que en sí mismas son feas, se encuentran causalmente, sin planificación, en una combinaciones tan increíbles que relucen con milagrosa poesía.

La intención de querer construir algo cerrado dentro de un sistema sin fallas ha de ser superada, pues esa desde el principio fuerza todo pensamiento y lo invalida. La realidad es la diversidad, la pluralidad de sentidos que se encuentran escondidos en Nueva York. Cada lector ve diferentes sentidos en el mismo texto. No todo vale, salvo la pluralidad.

¿Cómo escribir?

Me refiero a cómo hacerlo de una forma práctica.

Tras las variadas lecturas realizadas tendremos anotadas en un cuaderno, papeles, procesador de texto o donde sea, un montón, o unas cuantas hojas, sobre conexiones e intuiciones capturadas durante el proceso de lectura. Probablemente al echar un vistazo rápido nos vengamos abajo. No veremos el maravilloso potencial que creímos ver cuando se produjo el momento de la captura. Pero lo tienen. ¡Seguro!. Solo hemos de no desesperar y empezar a detectar los conceptos clave, las ideas  más importantes, y sobre todo, si hay alguna forma de edificar una base escrita que soporte el conjunto de conceptos, esto es, un plano de inmanencia. Pues la escritura tiene que tener una estructura, cierto orden… que ayude al lector. Todo escritor debe tener claro cuál es el objetivo de su escritura, lo que quiere conseguir en el lector.

Dos precisiones finales

1) ¿Inmersión o desconexión?.

Las dos cosas: por una parte con la inmersión no perdemos nunca el hilo del trabajo, pero también nos obsesionamos y eso es reduccionista. La desconexión por su parte libera, des-estresa, pero nos hace perder el contacto y puede que cuando volvamos a la escritura del libro no recordemos bien lo ya escrito, o lo próximo que queríamos decir con nuevas palabras escritas. Eso es normal. Por eso es importante que prestemos mucha atención al momento de captura durante la lectura para hacerla lo más ricamente posible, y entenderla a pesar de desconectar un tiempo. Yo aconsejo inmersión con pequeñas desconexiones.

2) Otro aspecto clave es el del diseño de la estructura.

Es un proceso en eterna reconstrucción durante toda la redacción de tu trabajo. Es como el resumen ejecutivo de un proyecto de negocio, que se pone al principio del proyecto (sería como el índice y la introducción de este trabajo) pero que no se puede elaborar bien hasta que el proyecto ha sido terminado. Por eso, es bueno empezar con un guión provisional e ir cambiándolo tantas veces como sea necesario para el mejor resultado comunicativo posible con el lector. Es posible el cambio de pensamiento sobre algo en medio de la escritura del libro, pues una conexión posterior ha mejorado, o enriquecido o superado un pensamiento previo. Las personas pueden cambiar de idea sobre qué concepto es más o menos importante, o cuál es la verdadera forma de entender un problema filosófico. Así, la escritura es una reescritura constante, y una o varias depuraciones finales antes de llegar a una obra cuasi-final.