«Soy el médico»

A las 4.35 de la madrugada. Me llaman al portero. Me despiertan a mi y a toda mi familia con una llamada al portero electrónico. Me levanto asustado y respondo.

Me dicen que es el médico, parece un equipo de más personas. Le digo que se han equivocado. Con dificultades para articular el mensaje les explico que es en el bloque de al lado, no en el mío. Y me vuelvo a acostar tranquilizando a todos y maldiciendo al equipo médico que ha fastidiado mi sueño.

La muerte siempre llega

Pero ya no puedo dormirme. Empiezo a pensar en que esa llamada es una llamada que en un futuro tendré que atender bien para mí o para algún ser querido cuando la muerte me llegue o les llegue.

En el fondo soy un afortunado de que la llamada del doctor contra la muerte no fuera para mi. Además me estimula a aprovechar mejor el tiempo. A no despilfarrarlo.

A todos nos llega. Y si ningún doctor toca nuestro portero, será una llamada para comunicar la tragedia o una llamada que mis seres queridos harán para comunicar mi muerte a quien corresponda.

Esta ahí. No sé si está escrita. No sé si hay un destino. Lo que sé es que es inevitable. Que ni yo ni nadie puede evitarla. Ni siquiera la evita el Sr. Rockefeller del Club Bilderberg. El dinero no la compra aunque pueda provocarla. Pero todas las vidas están amenazadas de muerte. Todas las vidas morirán.

La muerte es lo que nos iguala a todos. El sistema capitalista no puede comprar el tiempo para nadie. La muerte está escrita. Y aunque cuando llega es doloroso e irremediable es esa muerte la que nos impulsa a enfocarnos en lo que importa. A valorar el tiempo.

Sentido desde la muerte

La vida cobra sentido a partir de la muerte. Desde la muerte el espíritu crítico entiendo una vida como búsqueda de sentido contrareloj.

Sin reloj de arena, digital, o de agujas a nuestras vidas, están serían otras, probablemente sin sentido.

Y quizá todo empieza con darse cuenta de esto. El despertar a un modo de conciencia superior, crítico, filosófico. Sin cronómetro, a mi aire, sin reloj. Minimizando los compromisos de tipo económicos. Dando tiempo para usar de forma libre. Siendo persona única y propia.