Zaratustra: una forma original de escritura filosófica


En el prólogo de Ecce homo escribe Nietzsche que con el Zaratustra hace a la humanidad “el regalo más grande que hasta ahora ésta ha recibido”. Sin duda, que la obra central de este trabajo es un regalo doble: de forma y de contenido. Hablaremos ahora de la original forma del importante texto para en apartados siguientes profundizar en el contenido que transmite.

La importancia de la forma o estilo de escritura filosófica

“La persona se revela a sí misma y es como el lugar desde el cual la realidad se revela, aparece…Un horizonte más amplio se le puede descubrir, un mayor conocimiento o una capacidad de entrega desconocida o una energía sin precedentes. Por eso refiriéndose a ella [la persona] no se debe hablar de «porvenir», sino de futuro . El porvenir es lo previsible, lo que puede calcularse. Mas el futuro es lo no habido todavía, lo no revelado aún.” (María Zambrano)

Nietzsche escribe de una forma diferente a la de la filosofía tradicional. Digamos que es más literaria. Teniendo en cuenta que no existe la perfección en la escritura, la forma elegida le permite una expresión de sentimientos y emociones mayor, le permite transmitir energía, tristeza, enfado, … .

Si te asusta Zaratustra, puedes coger Genealogía de la moral, otra forma de escribir, más fácil de entender, pero menos expresiva. No quiero decir con esto que la segunda opción de escritura no sea apta para transmitir un mensaje filosófico. Lo que quiero decir es que la riqueza de la transmisión, su intensidad, su vitalidad, aumenta con la forma más poética del Zaratustra. Otros textos nietzscheanos más cercanos en estilo a la forma poética del Zaratustra son La gaya ciencia, que a mí sin duda me impresiona, o los Poemas del pájaro libre, pura poesía filosófica. La forma del Zaratustra es más plural, más significativa, más polisémica, más placentera, más tormentosa.

En su Ecce homo, Nietzsche nos explica el lenguaje del ditirambo, el de quien habla consigo mismo antes de la salida del sol, el de Zaratustra, Nietzsche. Y pone como ejemplo La canción de la noche, donde se lamenta Zaratustra de la renuncia a amar a los hombres porque le separan de su crecimiento personal. Nietzsche es consciente de su innovación formal, y lo escribe, afirmando una nueva escritura filosófica que solicita otra forma de lectura filosófica.

El arte del gran ritmo, el gran estilo de los períodos para expresar un inmenso arriba y debajo de pasión sublime, de pasión sobrehumana, yo he sido el primero en descubrirlo; con un ditirambo como el último del tercer Zaratustra, titulado “Los siete sellos”, he volado miles de millas más allá de todo lo que hasta ahora se llamaba poesía.

Los siete sellos del Zaratustra

Si leemos el capítulo de “Los siete sellos (O: La canción «Sí y Amén »)” encontramos:

Y si mi alfa y mi omega es que todo lo pesado se vuelva ligero, todo cuerpo bailarín, todo espíritu pájaro: ¡y en verdad esto es mi alfa y mi omega!

Oh, ¿cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos, el anillo del retorno?

¡Que el pasado eterno, gobernado por el espíritu de la pesadez, sea truncado y comience una nueva senda ligera, alegre, con altura de miras!. El eterno retorno del superhombre en el eterno retorno del hombre. El eterno retorno del superhombre es siempre anhelado. Cosa distinta es el eterno retorno del hombre. Otra joya es ésta:

Si alguna vez bebí a grandes tragos de aquella espumeante y especiada jarra de mezclar en la que se hallan bien mezcladas todas las cosas:

Si alguna vez mi mano derramó las cosas más remotas sobre las más próximas, y fuego sobre el espíritu, y placer sobre el sufrimiento, y lo más inicuo sobre lo más bondadoso:

Si yo mismo soy un grano de aquella sal redentora que hace que todas las cosas se mezclen bien en aquel jarro:

pues hay una sal que liga lo bueno con lo malvado; y hasta lo más malvado es digno de servir de condimento y de última efusión…

 

¡Cuánto fondo se esconde tras una forma que es pura literatura! Este fragmento es explicativo de mi propuesta más original en este trabajo: la filosofía de las conexiones o el arte de saber mezclar. ¿No se defiende aquí el derrame de las cosas más remotas sobre las más próximas? ¿No es esto una forma de expresar la filosofía de las conexiones? Literatura y filosofía pueden ayudarse mutuamente a pensar, y también a escribir. Desde Nietzsche se demanda una nueva filosofía, al alcance de filósofos con voluntad de superación .¿No es mezcla el superhombre? ¿Una mezcla donde el niño domina al camello, al contrario del hombre normal donde domina el camello?. ¿No es mezcla el superfilósofo, una mezcla donde la creación domina a la repetición, al contrario del filósofo normal donde domina la repetición?.

La cuestión formal no es un tema baladí. En la escritura forma y contenido aparecen a la vez, y se influyen. ¡Haga usted la prueba!. Si le pido que me escriba lo que es la voluntad de poder en forma de poesía, ¿es igual que si le pido un ensayo sobre la voluntad de poder?.

Es sin duda un aspecto muy importante del Zaratustra. Parte del gran valor del Zaratustra está en la forma en la que está escrito dicho libro: con fuerza, con metáforas, con poesía, con sentimiento… Nietzsche tiene ese arte, ese mérito, de saber escribir de esa manera. No es la escritura tradicional a la que está acostumbrado el profesional de la filosofía, pero es la más autorrealizadora para Nietzsche. La comprensión de la obra se complica por esta expresividad desbordante, pero también es una comprensión más placentera para quién se acerca a su nivel.

Esta forma de escritura, al igual que la literatura, permite la creación de personajes y su introducción como protagonistas del texto. Esto se llama personaje conceptual. Porque es un personaje que condensa conceptos, un pensar, y no un personaje intrascendente.

Destruir las barreras de entrada  a la creación

Nietzsche nos proporciona con su personaje conceptual de Zaratustra  un martillo con el que destruir las barreras que nos impiden crear por nosotros mismos y perseguir cada uno un proyecto personal de autorrealización. Para crear hay primero que destruir. El personaje conceptual que es Zaratustra se caracteriza por su fuerte voluntad de poder, la que se necesita para imponerse sobre los condicionamientos sociales y nuestro propio espíritu de la pesadez.

Escribe Deleuze que “Los personajes conceptuales son los «heterónimos» del filósofo”. Lobo Antunes reconoce el carácter autobiográfico de algunas mujeres en sus libros, son él. Igual que Zaratustra es Nietzsche. Por no hablar de los heterónimos de Fernando Pessoa (Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis). El escritor en la novela es su personaje, y en la vida real también (por lo menos mientras escribe la obra). Por eso escribe Deleuze que “el destino del filósofo es convertirse en su o sus personajes conceptuales” o que “el personaje conceptual es el devenir o el sujeto de una filosofía, que asume el valor del filósofo”.

La fuerza con la que podemos transmitir, la intensidad de nuestro mensaje, puede ser mucho mayor gracias a la personificación del mismo en personajes: por eso el mensaje de Nietzsche tiene tanta fuerza en Zaratustra, mucho más que si Nietzsche hubiera decidido escribir de forma aburrida, y fría, la forma estándar en su gremio.

Zaratustra: personaje conceptual

Mediante el personaje conceptual la filosofía se hace más psicológica, más preparada para persuadir a cada  lector. Nietzsche, condensando todo su pensar en un personaje, introduce la filosofía en cada hombre, hace más fácil la identificación, la comprensión. Es una cuestión  de forma: en la vida la filosofía está en la cabeza del que piensa, en el Zaratustra la filosofía está en su personaje conceptual.

¿Cuál es la característica clave de los personajes conceptuales bien elaborados? Su ambigüedad. La dificultad de los personajes conceptuales que son “potencias de conceptos” radica en que “su manifestación en sí misma suscita la ambigüedad”. El personaje conceptual es interpretable: igual que dos críticos de cine ven cosas diferentes en un personaje de película, e igual que dos críticos literarios ven diferentes cosas en un personaje de novela. Pero, por otra parte, la potencialidad que permite el personaje conceptual es mucho mayor que una secuencia hilada de afirmaciones filosóficas. Potencialidad y ambigüedad van de la mano, son la cara y la cruz de la misma moneda. Sugieren más cosas, el lector ha de construir su visión del personaje, pues es una escritura que no dicta una filosofía, sino que la sugiere, la muestra, como hacen las obras de arte. Sin duda, habrá quien diga que prefiere la concreción, y que el filósofo exprese con enunciados lógicos su pensamiento; a ese, yo le respondo que las facilidades no existen en el mundo del pensamiento, que la filosofía no es un dictado que memorizar sino un texto que escribir por uno mismo, que la ambigüedad no es algo negativo, sino más bien positivo.

La ambigüedad del pensador auténtico

La ambigüedad además de ser positiva refleja la humanidad del filósofo porque los personajes conceptuales, como los literarios (pues un buen personaje conceptual es también un buen personaje literario), reflejan el pensar de un autor (escritor, filósofo) que no lo tiene todo claro, que es una persona con inseguridades, que no es la certeza infinita, ni el sistema perfectamente cerrado. Por eso, la persona cuando escribe, que por otra parte puede tener sus limitaciones como escritor no perfecto,  no transmite conceptos cristalinos sino difusos, ambigüedades.

¿Por qué no puede ser negativa la ambigüedad? Porque la ambigüedad es característica del pensador auténtico, que no lo sabe todo, y también una consecuencia de nuestra capacidad de escritura de lo pensado.

“Los personajes conceptuales son unos pensadores, únicamente unos pensadores, y sus rasgos personalísticos se unen estrechamente con los rasgos diagramáticos del pensamiento y con los rasgos intensivos de los conceptos. Tal o cual personaje conceptual piensa dentro de nosotros”.

 

Excelente resumen de Deleuze sobre la figura del personaje conceptual. La potencialidad del personaje conceptual como espejo de nuestro pensar autobiográfico y contenedor tácito de un plano de inmanencia conduce a un  precioso y difícil trabajo filosófico que exige en el intérprete creador tanto pensamiento como sensibilidad, tanto lectura como escritura, tanto filosofía como arte.

Una forma que recupera los sentimientos

El lenguaje no tiene que ser castrado, puede y debe expresar sentimientos, emociones, estados de ánimo. No puede ser que con unas etiqueta despachemos los asuntos. Y menos si se trata de asuntos que nos importan como humanos.

Somos razón, pero sobre todo, somos sentimiento, emociones, … y la filosofía no puede guardar esas cosas en un cajón. Nietzsche encierra en sí un tesoro, pues aúna en su persona sentimientos diversos como el existencialismo, la fenomenología, el psicoanálisis…Y digo sentimientos, porque su pensar hay que entenderlo desde la náusea que le provoca la vida social de la mayoría, desde el asco hacia lo mediocre. Su sentimiento fenomenológico tiene que ver con la vida como realidad primera, como vitalidad, riqueza, origen, belleza. Su psicoanálisis es una práctica personal de autoconocimiento, de desentrañamiento de uno mismo, de sus miserias, y también de desenmascaramiento de la falsedad de lo social. Todo ello, debe sentirse. La filosofía también es, y antes que discurso, sentimiento. O acaso la angustia desde la que escriben muchos pensadores ha de ser silenciada. La angustia, la náusea, la introspección  son momentos o condiciones desde los que la filosofía ha de nacer para poder ser interesante. Y nosotros, los lectores de sus escritos, no podemos quedarnos con el esqueleto de sus conceptos descontextualizándolos de una situación de partida. El filósofo escribe desde la insatisfacción de lo que ve, desde un propósito interno de rebeldía o revolución contra lo que hay.

Formas de escritura filosófica

Son variadas las formas que podemos utilizar para escribir filosofía. Van desde el ensayo hasta el poema, pasando por el aforismo. En realidad, cualquier forma de literatura puede ser adoptada para escribir filosofía: filosofía puede haber en la novela, en el cuento, en el microrelato, etc. De lo que se trata es de practicar la escritura y encontrar cuál es la forma que va más con nosotros para expresar nuestra filosofía. A mí particularmente, me gusta mucho el ensayo. Pero eso no significa que deba de encerrarme y oponerme a otras formas, pues dicha experimentación es muy importante en el terreno de la escritura y puede hacer surgir nuevas conexiones que enriquezcan mi pensar. Todo esto es para concluir que no hay un formato de escritura filosófico, pues todos los formatos pueden ser filosóficos si el escritor tiene la capacidad para traducir sus ideas a esos nuevos estilos, menos explorados.

“El poema y el aforismo son las dos expresiones en imágenes de Nietzsche; pero estas dos expresiones se hallan en una relación determinable con la filosofía”. Ese es el formato de escritura donde Nietzsche es más genial, el aforismo y el poema. Como prueba, un botón de cada uno de ellos.

NIetzsche, autor del Zaratustra
NIetzsche, autor del Zaratustra

Ejemplo de poema:

Ser superhombre y filósofo auténtico es una cuestión de libertad, y de valentía. Los más no tienen libertad (son felices en la nada), los menos han visto algo, han pensado. Los menos de esos menos son los que emprenden el proyecto del superhombre. A los otros Nietzsche, les dedica el siguiente poema:

A ESTAS ALMAS INDECISAS

A estas almas indecisas

les guardo un rencor feroz.

Atormentarse es todo su honor,

disgusto de sí mismas y vergüenza es toda su loa.

Porque de su cuerda

yo no tiro a través del tiempo,

me saludan con su mirada

de envidia dulcemente venenosa, sin esperanza.

!Que me maldigan de todo corazón

y enrisquen la nariz!

La búsqueda desamparada de estos ojos

ha de extraviarse eternamente de mi.

Ejemplo de aforismo:

298.- Lamento. Cogí al vuelo esa idea y eché mano a toda prisa de las primeras palabras que se me ocurrieron para retenerla y que no se me escapara. Pero la aridez de mis inapropiadas palabras mató la idea, que ahora está colgada de ellas y bamboleándose. Cuando la considero, apenas sé ya cómo tuve la suerte de coger ese pájaro.

Este aforismo condensa de forma cristalina la importancia del momento de la captura de las intuiciones que nos sobrevuelan. Refleja la dificultad que tenemos para expresar lo que pensamos, hasta el punto de que matamos las ideas por incapacidad de escritura. Volveré sobre este asunto fundamental para el filósofo cuando nos adentremos en la segunda parte de este trabajo de investigación.

Recuérdese que  «Un aforismo cuya fundición e impacto sean los que deban ser, no está descifrado por haberse leído: queda mucho aún, porque entonces la interpretación no ha hecho más que empezar».

 

Racionalismo o Contra el racionalismo

Con formas de escritura un poco más literarias y artísticas podremos reintroducir en nuestro texto filosófico eso que durante muchos años ha sido menospreciado y etiquetado con la palabra “irracionalismo”. Este hecho solo demuestra la comodidad del filósofo durante siglos que ha quitado del mapa lo que no le dejaba cuadrar su sistema. Y encerraba en un cajón de sastre lo que no era capaz de comprender y manejar.

Cuando Nietzsche nos habla del sentido de la tierra, y escribe títulos como “Humano, demasiado humano” no hace otra cosa que darle peso al irracionalismo. ¿Qué es eso? La etiqueta que suena a desprecio, a no filosófico. ¡Menudo error! Pues eso es lo que en realidad es objeto o debe ser el objeto de la verdadera reflexión humana.  Son pocos los que tiran por ese camino virgen como Freud, Lacan, Kierkegaard… Nietzsche es un acicate para que nos adentremos en el entendimiento de lo más difícil de nuestra naturaleza, pues él no secciona al hombre y nunca olvida que sentimos, que deseamos, que tenemos traumas, sueños, y que eso mueve el mundo. Mucho más que la lógica. El campo del irracionalismo es mucho más explicativo de lo que somos. El calificativo de irracionalismo como despectivo es una manipulación del lenguaje, pues lo verdaderamente irracional son muchas filosofías tradicionales que olvidan que el hombre es un ser arrojado en el mundo, en el que tiene que habérselas con otros. Un ser que siente y padece, dominado por impulsos más emocionales y físicos que argumentales. Entender el hombre es investigar nuestro instinto, nuestras emociones, nuestras reacciones, nuestra impotencia, nuestros defectos,… por lo que no cabe encerrar todo esto en el saco llamado irracionalismo. Esa expresión solo refleja un trabajo pendiente, y solo empezado por unos pocos. Ese saco que todavía no hemos comprendido lo suficiente, merece ser potenciado como objetivo investigador, y no ser escondido como algo no filosófico o deshonroso.

El racionalismo limitante

Y no solo hemos escondido bajo la palabra “irracional” aquello que nos estropeaba el discurso filosófico, sino que hemos profundizado hasta el empacho en el racionalismo, limitando nuestro pensar a deducciones mentales demasiado lógicas. Con lo que las explicaciones escritas que hemos montado durante siglos de lo que importa distaban mucho de responder a la realidad de las cosas.

Nietzsche nos ayuda sobremanera en ese proceso de desracionalización que hemos de emprender, y nos muestra como no obviar los aspectos psicológicos (del hombre) y sociológicos (de la sociedad), e introducirlos en nuestra escritura, para presentar a nuestros lectores una escritura más integra y realista. Además de eso, que no es poco, saca del constructivismo filosófico el ingrediente perverso que estropea y determina muchas de las cosmovisiones más influyentes de nuestra tradición filosófica: Dios.

Dios, el centro y pirámide de muchos sistemas cerrados de pensamiento, elemento irracional por antonomasia. Ese que sí tendría que estar encerrado en el cajón, y no ser admitido como argumento en el juego filosófico. Ese invento que sostiene toda teología, pura especulación y desvarío. Los sentimientos del hombre, su espíritu de la pesadez, su atracción por el dinero, esos son argumentos de todo pensamiento honesto que quiera comprender qué es el hombre: no son irracionales. Dios es irracional: solo se admite como creencia o acto de fe.

¡Increíble! ¡Dios no es irracional y se le pone en la cúspide de las explicaciones racionalistas, y los sentimientos sí que son irracionalismo!. Afortunadamente apareció Nietzsche para enseñarnos  “que el universo no tiene finalidad, que no hay finalidades que esperar ni causas que conocer, ésta es la certeza para jugar bien”. Esto me lleva a plantearme, qué es jugar, qué sentido cabe en un mundo sin finalidad, sin teleología divina.

Estamos ya hartos de tanto reduccionismo de la filosofía a lo racional, entendiendo como tal lo que es expresable como razonamiento lógico. Craso error, el lenguaje se nos ha dado para poder expresar lo inexpresable. Cuando Wittgenstein decía que cuando no se puede decir es mejor callar expresaba la enorme dificultad de escribir sobre determinadas cosas, el gran esfuerzo, arte y capacidad que ello requiere, solo al alcance de los menos. Con la invasión de seudo-filósofos todo se fue al traste, pues por incapacidad y falta de profundidad, acabaron siendo logicistas con tesis inútiles, y se perdieron en una filosofía estéril. La verdadera filosofía es esencialmente, por definición, poética, metafórica, pero no racionalista. Por eso, se aprende más con Nietzsche y María Zambrano, con Pessoa y Benedetti, que con los seguidores acomplejados y apocados de Descartes.

Mi pasaje favorito de Zaratustra

Acabo este apartado mostrando uno de los pasajes favoritos de Nietzsche, que demuestra un dominio magistral de la escritura, y que me parece un buen colofón a unas páginas sobre la forma de escritura en Nietzsche. Además tiene que ver con la muerte del elemento irracional por excelencia y que la filosofía tradicional no se quita de encima, el único que merece estar encerrado en el cajón del irracionalismo: me refiero a Dios.

¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!…Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos, cuando desencadenamos la tierra de su sol?¿Hacia dónde caminará ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? ¿Lejos de todos los soles?… ¿Acaso hay todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita?… ¿No hace más frío? ¿No viene siempre noche y más noche?…¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!…Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha  desangrado bajo nuestros cuchillos…Nunca hubo un acto más grande y quien nazca después de nosotros formará parte, por mor de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca hasta ahora…Vengo demasiado pronto, todavía no ha llegado mi tiempo

Sin Dios, sin mundo suprasensible, sin guía sobrenatural, el hombre está sin rumbo, sin norte, en la nada. Llega el nihilismo. Se precisa de superhombres. ¿No es esto prosa poética y filosofía a un tiempo? ¿Se puede transmitir mejor la sensación de prisa, de velocidad en el discurso?.  ¿No es la muerte de Dios el acto más grande, porque permite el nacimiento del superhombre?.